El viaje del pingüino

A este suceso natural se le ha venido dando un doble sentido, uno mas relacionado con el camino del hombre por la vida.

Sabemos que el viaje casi nunca comienza por valentía, si no por incomodidad, desajuste o una sensación muda de que el lugar que antes sostenía ya no lo hace.

El pingüino camina hacía un espacio sin promesas. No hay testigos, no hay recompensa asegurada.

¿Pero por que?

Existen miles de ejemplos de animales gregarios -aquellos que viven en manadas, rebaños o colonia- pero el pingüino es uno que ejemplifica mejor este término. Pasan su vida en contacto con los suyos, viajando y migrando en colonia; su supervivencia depende del grupo.

Sin embargo, cada cierto tiempo ocurre un fenómeno natural, que se asemeja mucho al humano, pues un pingüino miembro de la colonia decide partir y abandonar toda esperanza de supervivencia.

Si bien no es una decisión consciente, nos interpela como si lo fuera, por que vemos en ese pingüino algo muy humano: alguien que ya no encaja en el ritmo común, alguien que avanza pero sin horizonte claro.

Es en simples palabras: soledad en movimiento.